New York Ultimate: Nueva York, tan nueva y tan vieja

martes, 26 de enero de 2016

Nueva York, tan nueva y tan vieja

Fotografía de archivo tomada en la década del 50 de una vista panorámica de la ciudad de Nueva York (NY, EE.UU.)
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Nueva York.- Nueva York, la ciudad que nunca duerme y siempre cambia, también ofrece placeres con el regusto de la veteranía, como unos baños públicos de principios del siglo XX, un perrito caliente de 1916, la barbería donde afeitaban a Joe DiMaggio o la farmacia que frecuentaba Eleanor Roosevelt. El pasado mayo, Katz’s, el restaurante de pastrami -carne roja en salmuera- más famoso de Nueva York, cumplía 125 años orgulloso de haber sobrevivido a las fluctuaciones de las modas, la economía y la gastronomía. Pero no es el único, ni siquiera el más antiguo. Y es que en tiempos en los que la última moda son las tiendas efímeras o “pop up stores”, abiertas solo durante un lapso de tiempo concreto, cuando cunde la pasión “neófila” por el último grito en cada categoría, Nueva York ofrece también una oferta añeja de lo más interesante. En cuestión de restaurantes, Fraunces Tavern, en el distrito financiero, es el decano de la ciudad. Con su rincón para el whisky, su amplia variedad de cervezas, su chimenea y sus carpinterías es un viaje a 1762, el año en el que fue fundado, solo ocho años más tarde que, por ejemplo, la Universidad de Columbia. Conscientes del tirón de lo antiguo, en esta taberna ofrecen la posibilidad de sentirse un estadounidense primigenio, casi un padre de la patria (en la época en la que Nueva York era la capital de Estados Unidos) en la Tallmadge Room, sala ajena a los avances contemporáneos. Treinta años más tarde, en 1794 se creaba el Bridge Cafe, donde Martin Scorsese rodó algunas escenas de su filme sobre el nacimiento de la ciudad, “Gangs of New York”, y que desde su fundación en una sencilla casa de madera, ha servido como burdel, almacén y restaurante húngaro. Ahora, especializados en mariscos, son conocidos por sus cangrejos de caparazón blanco. Un plato más sencillo, el perrito caliente, también puede tener un regusto a historia en Nathan’s, en Coney Island (Brooklyn), donde la experiencia “vintage” de comerse un “hot dog” heredero de aquellos pioneros de 1916 es complementaria con su famoso parque de atracciones, lleno de encanto y cuya montaña rusa impresiona más por el chirriar de su estructuras de 1927 que por el vértigo en sí. También en Coney Island se vivió en 2011 una historia que hizo enorgullecer a los neoyorquinos por representar su consabido cruce de culturas, cuando unos taxistas musulmanes compraron una de las pastelerías judías más antiguas de Nueva York, Bialys and Bagels, para evitar su cierre después de 91 años de servicio ininterrumpido. Y otra comunidad de gran presencia en Nueva York, la italiana, sirvió su primera pizza en Lombardi’s, en 1905, y su primer capuccino en el Caffe Reggio, abierto en 1927. En el distrito de Canarsie, en Brooklyn, está la casa más antigua de la ciudad, cuando ésta se llamaba todavía Nueva Amsterdam. The Wyckoff House data de 1652 y pertenece, precisamente, al sobrio estilo holandés de madera oscura que desembarcó en el siglo XVII. Y hablando de desembarcar, la ciudad ofrece la posibilidad de subirse al Pioneer, una goleta que fue construida en Pensilvania en 1885 y que todavía navega por las aguas que rodean la isla de Manhattan. Después de tan encantador paseo en barco, se puede dormir en el hotel más veterano de Manhattan, el Cosomopolitan, un edificio de belleza sobria que fue construido en 1845. Pero Nueva York también ofrece experiencias más cotidianas con el aval de años de experiencia, como comprar ungüentos en la farmacia Bigelow, en el West Village, la más antigua de todo el país. Creada en 1838 por el doctor Galen Hunter, ha visto pasar por sus mostradores a Thomas Edison, Eleanor Roosevelt y Susan Sarandon. También se puede probar la cuchilla de afeitar que apuró rostros célebres como los de Henry Fonda, Joe DiMaggio, John Fitzgerald Kennedy o Art Carney en la barbería Paul Molé. El local, situado en el Upper East Side, mantiene el encanto del suelo ajedrezado y el ritual de espuma y la brocha que manejan con sabiduría desde hace ya cien años y quien da nombre al local compensó su vocación de actor frustrado recibiendo a las celebridades del momento. A veces, eso sí, lo antiguo no tiene por qué ser estimulante, como sucede en los baños públicos Asser Levy. El edificio histórico inspirado en la Roma clásica fue construido en 1904 con el fin de ofrecer una higiene mínima a quienes no pudieran asearse en sus casas. Si bien hoy guarda el encanto arquitectónico, sus dos piscinas -una cubierta y otra exterior-, muchos usuarios aseguran que estas piscinas no han sabido adaptarse a los cánones de higiene del siglo XXI. - See more at: http://www.impactony.com/nueva-york-tan-nueva-y-tan-vieja/#sthash.2Kq4q0HW.dpuf

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