miércoles, 19 de agosto de 2015

El corazón de la Gran Manzana

Milton Glaser, el diseñador del ‘I Love NY’, explica el origen de su célebre icono


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Y tras un breve silencio, reflexiona sobre el impacto de su trabajo: “Creo que se debe ser cauteloso con el éxito. El peligro de tener tanto reconocimiento con un solo trabajo es que la gente suele pensar que es lo único que has hecho. Borra toda una obra”. La campaña fue un éxito. Glaser recibió 2.000 dólares por su trabajo. Y el Estado ha recaudado desde entonces cientos de miles por la utilización del logo.Tras los atentados de 11 de septiembre de 2001 se convirtió, además, en un símbolo de resistencia para una población abatida.
Para el diseñador Milton Glaser, la complejidad y la diversidad de experiencias que se viven a diario en Nueva York eliminan de tajo la típica pregunta por el mejor restaurante, la mejor hamburguesa o el mejor bar de la ciudad. Hay tantas alternativas que dar una respuesta sería inútil. Es probable que dentro de ese caleidoscopio de sensaciones se halle el secreto de la vitalidad de este creador de 86 años. “Si quieres mantener tu sistema nervioso trabajando, este es el sitio. En París siempre vas a saber que estás en París. Por el contrario, en Nueva York, nada más doblar una esquina, te topas con un país nuevo”, afirma. Esa es la metrópolis del autor del célebre logo I LOVE NY, nacido en el Bronx, que cuenta con entusiasmo que el próximo invierno publicará parte importante de su obra en un libro de 400 páginas bajo el sello de Taschen. Una edición cuyas primeras copias de lujo costarán 1.000 dólares.
La historia del Yo corazón NY es la siguiente. Frente a la etiqueta de ciudad insegura y violenta, cercana a la Gotham de los tebeos, las autoridades de Nueva York encargaron a Glaser, a mediados de los setenta, un logo que reavivara el sentido de pertenencia a la ciudad. La idea era trabajar sobre una frase que ya existía: “I love NY”. Una tarde, en un taxi que transitaba por la calle 67, la inspiración le llegó a Glaser y sobre un trozo arrugado de papel cambió la palabra “love”por un robusto corazón rojo. Un cambio minúsculo que habría de estamparse para siempre en la historia del diseño y en la memoria colectiva de la Gran Manzana.
El problema es que Glaser había enviado una propuesta diferente unas semanas antes. “Tuve que llamar al responsable de comercio para decirle que quería cambiar el logo”, explica por teléfono el diseñador desde su estudio en Manhattan. “Me dijo que eso no era posible porque la junta ya lo había aceptado y era muy difícil reunir a todos los miembros otra vez para mostrarles la nueva propuesta. Así es que me fui directamente a su despacho. Cuando vio la versión renovada, con el corazón en el medio, me dijo que efectivamente estaba mejor y que haría lo posible para lograr el cambio”. Así fue cómo una de las imágenes publicitarias más potentes de la historia estuvo a punto de quedarse en bosquejo.
¿Dónde radica la fórmula para que haya tenido tanto éxito? “Creo que se trata de un truco muy fácil y a la vez engañoso. Con el I represento el yo. El corazón es el símbolo de una emoción. Y NY son las iniciales de un sitio. Entonces, tenemos lenguaje y símbolo haciendo tres cosas diferentes a la vez. El espectador debe desenredar el rompecabezas que configuran una letra, un símbolo y unas iniciales. Eso es lo que lo fija en la mente de la gente. Es fácil de descifrar y resulta familiar”.
Milton Glaser nació en el Bronx. Un lugar lejano en el tiempo y en el espacio. “El jardín botánico y el zoológico del Bronx son lugares maravillosos. Ligados a mi infancia”. Pero dice que apenas ha regresado allí desde que comenzó a trabajar en Manhattan. Afirma que no le gusta “mirar atrás”. Por eso resulta un poco huidizo a la hora de hablar sobre sus lugares fetiche. A medida que fluye la conversación, sin embargo, empiezan a aflorar las pistas. Recuerda las galerías de The Cooper Union, en el East Village, donde estudió en el periodo universitario. También destaca como lugar de encuentro el Union Square Café, que lamentablemente cambiará su mítica sede a finales de este año. O el restaurante Eleven Madison Avenue, en la avenida del mismo nombre. Explica que uno de sus trabajos favoritos ha sido el diseño de interiores para restaurantes. Con mayor razón si los propietarios son viejos amigos. Como es el caso de la Trattoria dell’Arte, cerca al Carnegie Hall. O del Rainbow Room Menu, donde se le podría encontrar cualquier noche.
Glaser transmite reposo y tranquilidad. De cada trabajo habla con mesura. Fundó también la revista New York Magazine. Ha estado a cargo de la imagen de marcas como la cervecería Brooklyn Brewery. Sus diseños han bajado al metro de Nueva York: los paneles en porcelana, en una plataforma de la Astor Plaza Station, con figuras geométricas que parecen piezas desordenadas de un rompecabezas, son obra suya. Y el rediseño del Visual Arts Theater, en Chelsea, también corrió por su cuenta.
Uno de los encargos más recientes que ha recibido, donde se mezcla su amor por Nueva York y su vocación por crear, fue la publicidad para la primera parte de la última temporada de Mad Men. Inspirado en un póster de Bob Dylan de su autoría, que fue bandera de toda una época, rescató las siluetas y tonos psicodélicos de entonces y diseñó los carteles para la exitosa serie.
A la hora de crear, ¿cómo encuentra la conexión entre el logotipo y el observador? “Creo que cuando trato de dar explicaciones sobre este tipo de asuntos estoy utilizando una parte de mi cerebro, que es la parte racional. La otra es la parte sensible. Entonces, objetivamente, podría decirle por qué un símbolo funciona, pero no podría explicarle por qué la gente tiene cierta respuesta emocional, ni por qué después de haberlo visto tanto no se hartan, ni por qué se sienten identificados con él. Esos son los misterios del alma y del corazón. Y esos misterios no son fáciles de descubrir”.

Cristiano Ronaldo paga 16 millones de euros por un piso en Manhattan

El astro del Real Madrid se hace con una mansión en la emblemática Torre Trump






Cristiano Ronaldo roza el cielo neoyorquino. El delantero del Real Madrid cerró el pasado miércoles la compra de un piso en la Torre Trump por 18 millones de dólares (16 millones de euros). La nueva mansión del futbolista está ubicada en el número 721 de la Quinta Avenida de la Gran Manzana, a tres calles de la mega tienda de Zara, y se construyó en 1983.

El edificio de unos 182 metros de altura es uno de los más emblemáticos de Nueva York y propiedad del polémico empresario estadounidense Donald Trump. El lujoso piso de Ronaldo ronda los 230 metros cuadrados y pertenecía al agente inmobiliario italiano Alessandro Proto. El inmueble tiene 263 apartamentos, aunque están habitados únicamente las plantas que van desde la 30 hasta la 58. El resto está destinado a espacios comerciales entre los que destacan tiendas como Gucci.
La decisión del jugador portugués de adquirir una residencia en Manhattan ha desatado rumores de todo tipo. Algunos hablan, incluso, de un posible traslado a Estados Unidos cuando finalice su actual contrato con el Real Madrid en 2018.

Nueva York cierra su mayor operación inmobiliaria

Un único propietario paga 2.350 millones de euros por el edificio Art Deco que acoge las oficinas de Credit Suisse y Sony


El edificio del número 11 de la avenida Madison de Nueva York / WIKIPEDIA

El majestuoso edificio Art Deco quese erige en el 11 Madison Avenuecambia de propietario y lo hace a lo grande. SL Green Realty acaba de cerrar la que está considerada como la operación inmobiliaria más importante en la historia de Nueva York por un solo edificio, al desembolsar 2.600 millones de dólares (2.350 millones de euros) por el rascacielos que acoge las oficinas de empresas como Sony, Credit Suisse y Yelp, situado junto al icónico Flatiron.
El dueño actual del complejo de oficinas es Sapir Organization, que tenía como socio a CIM Group. Juntos adquirieron el edificio hace poco más de una década por 675 millones, cuando la ciudad de los rascacielos trataba de superar el doble golpe del estallido de la burbuja tecnológica y el atentado contra las Torres Gemelas. En ese periodo lograron triplicar el beneficio operativo, atrayendo nuevos inquilinos.
Este es uno de los rascacielos que empezaron a definir el perfil de Manhattan hace nueve décadas y que se sigue distinguiendo por su elegancia entre otros edificios más modernos que emergieron a su alrededor. El complejo de oficinas de 30 plantas ocupa las calles 24 y 25 en el lado este del Madison Square Park. El banco suizo ocupa la mitad del espacio.
La primera propietaria del edificio fue la aseguradora MetLife. Empezó la construcción del complejo en 1929 para instalar ahí su sede corporativa. Pero no se completó hasta 1950. Al principio estuvo diseñada para 100 pisos, lo que le abría convertido en el edificio más alto del mundo. El golpe de la Gran Depresión y después la Segunda Guerra Mundial obligó a rebajar esa ambición.
Es el cambio de propiedad más importante en Nueva York desde que Boston Properties adquirió el GM Building hace siete años, por 2.800 millones de dólares. Pero en aquella transacción por el 767 Fifth Avenue, que se realizó cuando el mercado inmobiliario empezaba a desinflarse por todo EE UU, participaron varias sociedades y el paquete incluyó tres edificios más de oficinas.
Hace casi un año, el grupo Hilton Worldwide vendió por 1.950 millones el edificio que acoge el Waldorf Astoria a la aseguradora china Anbang. Estos rascacielos Art Deco tienen un atractivo particular. Pero el nuevo dueño del 11 Madison Avenue tendrá que hacer frente a una factura de 300 millones para continuar la renovación del edificio. Para financiar la operación, venderá varias propiedades, como la Tower 45 en Midtown y el 131-137 Spring Street en el barrio de SoHo.
El distrito del Flatiron se está convirtiendo, a su vez, en uno de los más deseados por las firmas tecnológicas, compañías de medios y en el sector de los servicios financieros. También se están renovando antiguos edificios en la zona para acoger viviendas residenciales, hoteles y espacios comerciales. SL Green, por su parte, es uno de los mayores propietarios de edificios de oficinas y uno de los que dominan el sur de Midtown, desde la calle 30 hasta Canal Street.

Un ‘gentleman’ ‘art déco’ y gallego en Nueva York

Miguel Saco es un reconocido experto en los artísticos muebles del siglo XX. Un español que vivió la bohemia neoyorquina

Saco todavía frecuenta las tabernas del barrio de Chelsea. / JON URIARTE


Cuando Miguel Saco llegó a Nueva York, en el sur de Manhattan se cruzaban poetas que querían cantar, bohemios que se abrían las venas con mierda inyectada, rubias del hotel Chelsea, pijos aficionados al terciopelo y al underground, artistas de quitarse el hambre con hamburguesas, noches de tabernas de aquel sur de Dylan, Warhol, Cohen o la joven Patti Smith. Aquellos tipos raros entonces frecuentaban los mismos bares que un gallego que también quería ser artista y acabó bordeándolo en el negocio de la restauración de muebles que son piezas únicas, como acaba dedestacar The New York Times.
Hoy es uno de los secretos españoles mejor guardados de Nueva York. Elegante, silencioso en varios idiomas, vecino de Gramercy, conocido por algunos de los más ricos de la ciudad, amigo de Manolo Valdés y uno de los últimos resistentes de las tabernas de Chelsea. A Miguel Saco, uno de los más reconocidos expertos en las artísticas piezas del mueble del siglo XX, se le puede encontrar tomando almejas en la selecta barra de Gramercy Tavern o bebiendo cerveza en el histórico Old Town Bar –uno de los escondites de Dylan Thomas–. También se le ve tomando un gin-tonic o en cualquier estreno de una noche en la ópera del Met.
Saco, paisaje y paisanaje de la ciudad, un personaje con bigotes de mariscal de campo, calva de elegante mayordomo francés, el arte de no hablar más de lo necesario y una sobria amabilidad que esconden a otro, a otros. Gallego de Ourense, emigrante a Nueva York por necesidad y modernidad, anclado en una ciudad entre los borrachos en el Bowery y los modernos de sus pueblos. Contento entre provincianos cosmopolitas, jóvenes que buscan otros mitos, otros ritos.
Hoy es uno de los secretos españoles mejor guardados de Nueva York. Elegante, silencioso en varios idiomas
Allí, sin hablar inglés –¡ni Dios lo permita!, que decía aquel gitano llamado Sabicas–, Miguel se cruza con artistas, buscavidas, huidos, emigrantes y algunos tan listos como Aurelio Torrente, que supo vivir entre el MOMA, el off Broadway y la dirección de la oficina de turismo del Gobierno español. Los tiempos estaban cambiando. Saco, además de vivir noches de nunca acabar, de hacer de la vida en un trip entre Chelsea y las costas de Maine para traer las langostas a los restaurantes, se da cuenta de que hay un negocio en conocer, restaurar y reproducir los muebles del siglo XX. Objetos de deseo con firma y piezas limitadas. Marcas de distinción con las que conviven los más ricos de la ciudad. Tener una pieza auténtica de Mies van der Rohe, los Eames, Alvar Aalto o del Grupo Memphis es tan importante como poseer un expresionista abstracto o vivir con unpicasso.
El español, el gallego Saco, desde hace varias décadas es uno de los más prestigiados conocedores, restauradores y expertos en autentificar y rescatar esas rarezas. Sus días han pasado satisfaciendo a quienes desean en su casa algunos de los objetos más perseguidos del mobiliario contemporáneo. Descendiente de familia de madereros orensanos, conocedor de las cualidades de dicho material, además de aquellos con los que se fabrican sueños y realidades de la decoración contemporánea, Miguel Saco ha conseguido vivir muy bien de su arte y ser uno de los más reconocidos especialistas en esa artesanía cada vez más cotizada.
Capaz de mezclar lo monacal y lo cool, suele fugarse a su casa campesina en el Morrazo gallego. Es un lugar solitario, un monte con vistas al mar, donde cada verano se refugia del mundanal ruido. Feliz en su anonimato, hasta que el otro día llegó The New York Times y le puso por las nubes. ¿Qué le pasa a un gallego neoyorquino cuando le cae una página laudatoria en el periódico más influyente del mundo? ¿Mantendrá el precio de unas sillas a saldo que me hizo una noche de nieve y copas?

martes, 18 de agosto de 2015

¿Por qué se llama a Nueva York la Gran Manzana?




NUEVA YORK, la metrópoli más poblada de Estados Unidos, es también conocida en todo el mundo como The Big Apple, la Gran Manzana.
El origen de este apodo se remonta a los años veinte. En la jerga de los músicos negros de jazz, el vocablo manzana se utilizaba como sinónimo de ciudad. Así, por ejemplo, clasificaban las urbes donde tocaban en little apples -manzanas pequeñas-, big apples -grandes- y rotten apples, ciudades podridas.
Seguramente, Chicago y Orleans fueron grandes manzanas, pero sólo Nueva York recibió el título de Gran Manzana, debido a que allí se encontraban los clubes de jazz más notables, a los que acudía un público selecto.
La expresión se extendió muy deprisa, y no sólo entre los músicos, pues en seguida se hizo tan popular que todo el mundo empezó a conocer a Nueva York como la Gran Manzana.
En los años treinta surgió incluso un baile con este nombre, en honor a la ciudad bañada por el río Hudson.

viernes, 14 de agosto de 2015

NEW YORK NEW YORK NEW YORK!

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Winter’s Night in New York City

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The apartment from F.R.I.E.N.D.S. The New York City property located at 90 Bedford Street in Manhattan is a Walk-Up Apt. Over Six Families and was built in 1900. must go here

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New York Celebrity Map: Rentenna Releases Guide To Stars' Manhattan, Brooklyn Apartments (MAP)

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New York Map

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New York City

New York City

New York, New York

New York, New York

Chrysler Canyon, NYC

Chrysler Canyon, NYC

Chrysler Building New York

Chrysler Building New York

Chrysler Building, New York

Chrysler Building, New York

The Flatiron Building, NYC

The Flatiron Building, NYC

new york

new york

New York from way above, USA

New York from way above, USA

Christmas in NYC

Christmas in NYC

Looking Down Fifth Avenue, Manhattan, New York

Looking Down Fifth Avenue, Manhattan, New York

new york new york

new york new york

New York- Times Square, 1950s

New York- Times Square, 1950s

Times Square, New York City, 1944

Times Square, New York City, 1944 photo via besttravelphotos

NYC 1955

NYC 1955

domingo, 9 de agosto de 2015