lunes, 30 de abril de 2018

Museo de arte palestino abre sus puertas en Nueva York

Foto tomada de Twitter

El fundador del museo busca que los estadounidenses cambien su actitud hacia los palestinos.
Un bucólico pueblito de Connecticut puede tener poco y nada en común con Medio Oriente, pero es el hogar de un nuevo museo de arte que espera cambiar la actitud de los estadounidenses hacia los palestinos.
Woodbridge, una comunidad acomodada cerca de la Universidad de Yale, a 128 km al norte de Nueva York, está lejos del circuito de los museos y los carteles luminosos de la gran ciudad, al menos por ahora.
Con un presupuesto de apenas medio millón de dólares provisto por su fundador, un empresario palestino-estadounidense determinado a fundar el primer museo de arte palestino en Estados Unidos, ya es todo un logro que la institución haya visto la luz.
El inminente 70º aniversario de Israel, la futura transferencia de la embajada estadounidense a Jerusalén, la cercana relación de Washington con el Estado judío, los pasados atentados suicidas y titulares sobre ataques a puñaladas arrojan sombras sobre gran parte del discurso estadounidense sobre el conflicto israelo-palestino.
"La prensa y las fuerzas que no son amistosas con Palestina han pintado a los palestinos en una luz muy negativa y de alguna manera hemos sido deshumanizados", dijo a la AFP el fundador del museo, Faisal Saleh, de 66 años.
Su esperanza es que los estadounidenses visiten el museo y descubran que los palestinos tienen un rico legado artístico.
"Tenemos nuestros propios artistas, así como todo el resto del mundo tiene sus propios artistas, y tenemos un número desproporcionado", sostuvo. "Muchos de ellos trabajan en condiciones muy austeras".
Bautizado como Palestine Museum US, la institución abrió las puertas por primera vez el domingo, único día de la semana en que permanecerá abierto por ahora, con entrada gratis y un personal integrado por voluntarios. Alberga más de 70 obras de arte, 100 fotografías, colecciones de bordados, trajes y varias instalaciones modernas.
Aunque trata sobre el arte, no la guerra, y no provee muchos datos sobre el conflicto israelo-palestino en sí mismo, el anhelo por el territorio, la paz y la autodeterminación permean gran parte de las obras.
Los palestinos conmemoran el aniversario de la creación de Israel en 1948 como la "nakba" o la "catástrofe" que desplazó a la fuerza o envió al exilio a la primera de varias olas sucesivas de refugiados palestinos.
 "Más creativos que atrasados"
"El arte siempre expande tu mente", dice Samia Halaby, de 81 años, una conocida artista palestina que vive y trabaja en Nueva York. Tres de sus obras están expuestas en el museo.
"Espero que aprendan más sobre nuestra existencia como pueblo, que nos vean más como creativos que como atrasados, como la prensa se inclina por presentarnos", argumentó a la AFP. "Es algo que museos de todo el mundo han logrado a favor de otras culturas e ideas".
Las espaciosas galerías del museo, por donde se filtra la luz del sol a través de las ventanas, exponen al principio viejas fotografías de Jerusalén bajo el mandato británico, y luego pintura contemporánea y abstracta.
Presentan la obra de 29 artistas, muchos de los cuales viven en Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza.
"Esperamos que muy pronto otros empresarios palestinos se nos unan y financien el objetivo final, que es crear un museo mucho mayor en una gran ciudad como Nueva York o Washington DC", afirmó su fundador.
Saleh, nacido en Ramala, señala que las reacciones iniciales son "fenomenales" y que han generado ya una cobertura de prensa más centrada en el arte palestino que en el conflicto.
"Es una actividad muy pacífica", aseguró. "Queremos compartir nuestro arte con la gente y no sé por qué alguien tendría un problema con eso".
Timothy Niedermann, un editor y escritor que escribió una novela sobre Palestina, fue uno de los invitados a la ceremonia de inauguración.
"Nuestra imagen negativa está quizás más que parcialmente justificada en términos de la experiencia terrorista, pero no sabemos nada más (sobre los palestinos). Así que esto nos dará una idea de que sí, hay gente normal que vive allí", explicó.
"Y eso es lo que se precisa. Gente normal con la cual uno puede tener una conversación normal y quizás alcanzar soluciones normales".

Nueva York no existe



El cementerio de San Juan, en Queens, NY, es un parque temático funerario de mafiosos que se hicieron gigantescos en la época en la que Martin Scorsese –75 años y recién nombrado Premio Princesa de Asturias– era un niño del vecindario. Lucky Luciano, un pionero en la construcción literaria del gángster, yace en un mausoleo y a pocos metros está tumbado Salvatore Maranzano, un insensato competidor al que liquidó rutinariamente.
A Scorsese se le minusvalora por tener a mano la mafia, la fastuosidad del diseño arquitectónico neoyorkino, la noche y sus habitantes insomnes, tan despiadados como desahuciados. Al contrario, Scorsese es uno de los genuinos creadores de la ciudad inventada de Nueva York, uno de sus más notables evangelistas. La realidad es el punto de partida hacia la obra maestra. Una ciudad que es un siglo, el XX, es el destilado producto de brillantes inventores que la fueron concretando por departamentos. Hay una Nueva York de Stanley Donen con marineros bailando y cantando en busca de novia y hay otra neuróticamente vital que respira en Woody Allen. Otra cosa son los decorados que están allí inertes para el viajero como están los cubos de basura y los malos olores del metro. Hemos creído que la poética de esa ciénaga urbana existe.
Y sólo existe en los ojos extrañamente enamorados de Martin Scorsese, que obra el milagro de hacer carne fílmica una urbe idealizada. Sobre la educación de su mirada merece la pena rescatar el doble CD, «El cine italiano según Martin Scorsese», una guía audiovisual de cuatro horas sobre los maestros que le influyeron.

sábado, 28 de abril de 2018

Los bares de Nueva York pueden echar a los seguidores de Trump

Un juez en Manhattan reafirma que la legislación contra la discriminación no protege las creencias políticas

Un seguidor llevando una gorra con el lema de campaña de Donald Trump
Un seguidor llevando una gorra con el lema de campaña de Donald Trump  AFP

Greg Piatek se acercó a un bar en el barrio neoyorquino del West Village para tomar algo. Fue en enero del año pasado, unos días después de la toma de posesión de Donald Trump. Llevaba puesta una gorra roja con el lema de campaña del republicano “Make America Great Again”. “Debes estar de broma”, le dijo uno de los dependientes, “no puedo creer que puedas apoyar a alguien tan terrible”. Tras consultar con el dueño le dijeron que no era bienvenido y se negaron a servirle, “así que vete”.
El contable de Filadelfia, de 31 años de edad, se sintió discriminado por la furia liberal neoyorquina y presentó una demanda. Piatek iba con dos amigos. El incidente, asegura, le ofendió como estadounidense. Pero ahora un juez en Manhattan se pone del lado del patrón y los empleados del The Happiest Hour, al considerar que no hay nada “escandaloso” en esta decisión. El argumento del magistrado es que la legislación no protege contra la discriminación política.
El abogado de Greg Piatek explicó que su cliente llevaba la gorra puesta en la taberna porque acababa de visitar el museo memorial de dedicado a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre y señaló que el lema forma “parte de su creencia espiritual”. “Le forzaron a salir por eso del bar”, insistió. “Apoyar a Trump no es una religión”, precisó Elizabeth Conway, abogada del dueño del local, al presentar sus argumentos ante el juez David Cohen.
Solo las creencias religiosas están protegidas por la legislación estatal y de la ciudad contra la discriminación. El magistrado tampoco estaba muy convencido con las creencias religiosas de Piatek. “¿Cuántos miembros hay en el programa espiritual de su cliente?”, preguntó Cohen al abogado del demandante, que no pudo responder. “¿Entonces es un credo de una sola persona?”, insistió el juez. “Sí”, replicó sin poder desarrollar el argumento.
El intercambio duró aproximadamente una hora. Tras una breve pausa, el juez volvió a la sala para exponer su decisión. Empezó rechazando el argumento de que la gorra representa sus principios religiosos y continuó diciendo que el daño emocional del incidente es “insignificante”. También determinó en su opinión que el hecho de que no le sirvieran y le echaran del bar “no es una conducta escandalosa”. El abogando del demandante debe decidir ahora se apela.
El dueño del The Happies Hour no quiere más problemas y para evitar un incidente similar decidió hace unos días prohibir por completo llevar cualquier tipo de gorra de béisbol en el interior del local.

La ‘Niña sin miedo’ se plantará frente a la sede de Wall Street

La escultura de bronce, convertida en símbolo de la lucha por la igualdad de género, se instará en la zona peatonal en la sede del parqué bursátil

Turistas ante la escultura en bronce de la


El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, tomó ya una decisión. La esbelta pero poderosa escultura en bronce de la Niña sin miedo abandonará la isleta que parte Broadway en dos, frente al imponente Toro en embestida, para establecerse de forma permanente frente al New York Stock Exchange, el edificio que hace de sede del parqué bursátil de Wall Street y epicentro del capitalismo.

“La estatua es un potente símbolo de la necesidad de cambio en las más altas esferas de las corporaciones”, afirma el demócrata, “así formará parte de la vida cívica de la ciudad”. De Blasio explica que la nueva localización permitirá asegurar que su mensaje se seguirá escuchando. Es también una cuestión práctica, porque facilitará el acceso a miles de turista que se fotografían con ella a diario.
La obra de la artista Kristen Visbal se instaló en Bowling Green coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer del año pasado, en el marco de una campaña financiada por el fondo de inversión State Street. “Agradecemos a los millones de personas de todo el mundo que acogieron a la Niña sin miedo y su poderoso mensaje”, valoró Cyrus Taraporevala, presidente ejecutivo de la firma de Boston.
El ejecutivo indica que más de 150 firmas en las que invierte incorporaron mujeres en sus consejos de administración durante el último año. “Nuestra esperanza es que llevándola al NYSE siga animando a más compañías a adoptar acciones en este sentido”, comenta en una nota de prensa, “y sobre todo que siga inspirando a la gente en cuestiones relacionadas con la diversidad de género”.
El presidente del NYSE, Thomas Farley, aplaude la decisión. “Es un símbolo imponente de la marcha hacia una mayor igualdad de género”, valora, “no vemos la hora de que llegue a su nueva casa”. Kristen Visbal dice sentirse “emocionada” al ver que la escultura seguirá en Nueva York de forma permanente y en Wall Street, aunque señala que el mensaje de la estatua trasciende el mundo de las finanzas.
El traslado se completará para final de año. Cuando se instale estará en el mismo lugar donde apareció por primera vez el toro del artista Arturo Di Modica, en diciembre de 1989. Las calles que rodean el edificio del NYSE son peatonales, lo que permite resolver un problema con el tráfico. La oficina del alcalde está contemplando también por este motivo la posibilidad de dar un nuevo hogar al Charging bull.
En las últimas semanas se especuló con la posibilidad de que se mudaran justas, pero el autor dejó claro desde el primer momento que quería que las dos estatuas estuvieran separadas. Di Modica dice que comparte el mensaje de la Niña sin miedo, pero considera que se trata de una artimaña publicitaria que daña su trabajo y distorsiona la imagen de superación y fortaleza que envía la escultura.
La idea inicial era que la Niña sin miedo hubiera estado unos días en el parque de Bowling Green, pero se decidió extender el permiso un año a petición de los vecinos de la ciudad. La estatua se convirtió rápido en toda una atracción turística hasta el punto de competir con la Estatua de la Libertad o el Empire State. Durante los temporales de nieve, los seguidores la protegieron con ropa.

Cynthia Nixon, del sexo a la política en Nueva York

La actriz de la serie ‘Sexo en Nueva York’ aspira a convertirse en gobernadora del Estado neoyorquino


 

Ella fue lo más neoyorquino que hubo en el reparto de Sexo en Nueva York (Sex and the City). Cynthia Nixon saltó a la fama interpretando a Miranda —la abogada pelirroja amiga de Carrie—, pero la actriz era la única que se había criado en esa ciudad, en uno de los barrios de más solera de Manhattan, el Upper West Side. Fue a partir de aquella serie —todo un fenómeno televisivo sobre los enredos de cuatro amigas liberadas y pudientes— cuando su teléfono empezó a sonar sin parar.
Ahora, a sus 52 años y con un apellido de timbre republicano, Nixon pugna por la candidatura demócrata por convertirse en gobernadora del Estado de Nueva York. Lleva más de 15 años volcada en el activismo, centrado en la defensa de la enseñanza pública, el matrimonio gay y otras causas sociales. En 2013 formó parte del equipo electoral del alcalde Bill de Blasio, precisamente rival feroz del actual gobernador, también demócrata, Andrew Cuomo, que lleva dos mandatos y quiere ir a por el tercero, muy a pesar de la actriz.
Nixon empezó a actuar a los 12 años. Cuenta que en sus primeras audiciones intentaba destacar entre los niños artistas haciéndose la introvertida, intentando parecer misteriosa, interesante. Una veta que ha seguido explotando, por ejemplo, en su reciente interpretación de la poeta Emily ­Dickinson, por la que fue nominada a mejor actriz en la última edición de los Oscar. Pero la mirada silente de las audiciones de niño prodigio ya no va con su faceta política.
Lleva más de 15 años volcada en el activismo en defensa de la enseñanza pública y el matrimonio gay
Hija de madre soltera, creció en un apartamento de un quinto piso sin ascensor y, cuenta en su biografía, su precoz carrera artística le sirvió para pagar los estudios en Barnard, la prestigiosa universidad privada femenina adscrita a Columbia. Hoy, lleva a sus hijos a la escuela pública, toma cada día el icónico —y también insufrible— metro de Nueva York y ha hecho bandera de no aceptar ni un solo dólar para su campaña que proceda de empresas.
Por traducirlo al mundo de las series, Cynthia Nixon tiene más que pescar entre el electorado millennial y cercano a las protagonistas de Girls, aquellas chicas de Brooklyn que salió después de la Gran Recesión, que en ese microcosmos de mujeres que vivían a todo tren recreado en el Sexo en Nueva York, antes de Lehman Brothers.
Si ganase las elecciones, sería la primera mujer en ocupar ese cargo. También, la primera persona abiertamente homosexual o bisexual. En 2003 se separó de Dany Mozes, un fotógrafo y profesor con quien había tenido dos hijos, y poco después empezó a salir con una mujer llamada Christine Marironi, que trabajaba en el Departamento de Educación de la ciudad y era una activista conocida en el mundo de la enseñanza pública.
Su Goliath es el actual gobernador, Andrew Cuomo, que lleva once años en el puesto
En aquel momento terminaba la última temporada en EE UU, pero la serie mantenía su aura y los paparazis seguían a Nixon a todas partes. Un buen día el cotilleo sobre estas dos mujeres terminó. Se casaron en 2012 y tuvieron un hijo dos años después. Los 14 años que han pasado desde entonces se antojan una eternidad en lo que respecta a la normalización de las mujeres homosexuales. La pareja vive en Manhattan y es asidua a la congregación Beit Simchat Torah, la mayor sinagoga LGTB del mundo. La actriz solo contempla aquel episodio como un cambio de pareja corriente y moliente: “Nunca sentí que hubiese una parte de mí que despertó o salió del armario; no hubo lucha ni represión. Conocí a una mujer, me enamoré de ella y soy famosa”, dijo hace unos años en New York Magazine.
La candidatura de Nixon encarna dos fenómenos de la política americana en los últimos tiempos. El primero, la ola de mujeres que se quieren presentar a elecciones empujadas por un vendaval feminista que comenzó tras la victoria de Donald Trump y se consolidó este otoño a lomos de la protesta #MeToo contra el acoso. Emily’s List, una plataforma que impulsa la participación femenina en la política estadounidense, confirma que ha habido 36.000 mujeres que les han contactado interesadas en presentarse a algún puesto en el último año y medio, frente a las 920 que lo hicieron en 2016. En total, según la revista Time, hay hasta 79 mujeres que sopesan presentarse como candidatas a gobernadoras en las elecciones del próximo noviembre.
El segundo fenómeno es el notable número de lesbianas que han sido elegidas por los votantes recientemente y sin mucho ruido. Por ejemplo, Dawn Adams, que a finales de 2017 arrebató a un republicano un escaño en la Asamblea General de Virginia, o Jenny Durkan, que se convirtió en la primera mujer LGTB —y mujer a secas— en llegar a la alcaldía de Seattle. Y Danica Roem, en Virginia, en otoño fue la primera transgénero elegida para un cargo legislativo en EE UU.
Pero la carrera por el puesto de gobernador de Nueva York no va solo de sexo, o de género. Hay otros muros para Cynthia Nixon. Si hay un Goliat, ese es Andrew Cuomo, que de momento arrasa en las encuestas. El actual gobernador tiene de su parte la chequera —con un presupuesto para su campaña que supera los 30 millones de dólares— y la experiencia, ya que lleva dos mandatos en el puesto, con todo lo que de lastre y virtud eso supone en política. Él es producto del establishment, hijo del tres veces gobernador Mario Cuomo. Cynthia Nixon pertenece al star-system progresista, otra estirpe con tradición neoyorquina.
“Vivimos en el Estado con más desigualdad de todo el país, donde hay una riqueza increíble y una pobreza extrema”, dijo en el vídeo de lanzamiento de su candidatura. La defensa de la escuela pública, la legalización de la marihuana y el impulso de medidas de protección social son la columna vertebral de su programa, muy conectado con los votantes que en su día abrazaron a Bernie Sanders, y que eran niños cuando se estrenó Sexo en Nueva York.
Hace un año la revista The New Yorker preguntó a Nixon cómo veía ahora la serie y dio una de esas respuestas de poder multiplicador: “Es como un exmarido del que eres amiga”.

sábado, 21 de abril de 2018

Nueva York prohibirá los vehículos en Central Park

Nueva York prohibirá los vehículos en el Central Park a partir del 27 de junio, poniendo punto y final a una demanda histórica que se arrastra desde hace más de 50 años.
El alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, anunció hoy que los automóviles no volverán a pisar el pulmón verde de Nueva York, si bien en la actualidad ya tenían restringido el acceso y sólo podían circular a determinadas horas, los días entre semana y en algunos carriles.
NEW YORK, NY - APRIL 20: With a car behind them, people ride bicycles on West Drive in the southern portion of Central Park, April 20, 2018 in New York City. New York City Mayor Bill de Blasio announced Friday that starting in June, cars will be prohibited in Central Park below 72nd Street. The vehicle ban targets park loop roads below 72nd Street where vehicles are currently able to drive alongside pedestrians and cyclists during certain hours of the day and week. Cross-town transverses, used often by buses and taxis, will not be affected by the new rule. Drew Angerer/Getty Images/AFP== FOR NEWSPAPERS, INTERNET, TELCOS & TELEVISION USE ONLY ==
"Este parque no se construyó para los automóviles. Se construyó para la gente", dijo De Blasio.
"Este parque no se construyó para los automóviles. Se construyó para la gente", dijo De Blasio, y añadió: "Gente andando, gente en bicicleta (...). De eso va a ir este parque a partir de ahora".
En 2015, De Blasio ya impuso nuevos límites a los vehículos, impidiéndoles que circularan al norte de la calle 72, en continuidad con la política de restricciones graduales de sus antecesores, que poco a poco redujeron el límite de velocidad, el tamaño de los vehículos que podían acceder o las horas en las que debían circular.
(FILES) In this file photo taken on April 13, 2018 People are seen in Central Park on a sunny day in New York City.New York will soon ban cars from its beloved Central Park, the city's mayor announced on April 20, 2018, citing a commitment to reducing pollution and "prioritizing people over cars." Automobile traffic was already prohibited in the north of Manhattan's iconic green space, which will celebrate its 160th birthday next year. Vehicles could still circulate, however, on three concrete lanes in the south: West Drive, Terrace Drive and Center Drive. / AFP PHOTO / HECTOR RETAMAL
Desde el 27 de junio ya no habrá autos circulando por el parque.
Así se logró reducir notablemente el tráfico, que pasó de los 2.500 coches por hora en 1991 a los 850 actuales, informó el portal NYC Streets Blog.
El principal activista para la prohibición de los vehículos en Central Park, Ken Coughlin, aseguró a NYC Streets Blog que la noticia le había dejado "sin palabras", ya que llevaba "esperando este día desde hace 26 años".
(FILES) In this file photo taken on April 13, 2018 People are seen in Central Park on a sunny day in New York City.New York will soon ban cars from its beloved Central Park, the city's mayor announced on April 20, 2018, citing a commitment to reducing pollution and "prioritizing people over cars." Automobile traffic was already prohibited in the north of Manhattan's iconic green space, which will celebrate its 160th birthday next year. Vehicles could still circulate, however, on three concrete lanes in the south: West Drive, Terrace Drive and Center Drive. / AFP PHOTO / HECTOR RETAMAL
Desde hace años se logró reducir el tráfico que pasó de los 2.500 autos por hora en 1991 a los 850 actuales.
Coughlin es el líder de un movimiento vecinal que lleva activo desde hace más de medio siglo, y que ha organizado marchas en Central Park pidiendo un parque "libre de coches".
A principios de año, la ciudad ya prohibió los automóviles en Prospect Park, el mayor parque de Brooklyn.
Fuente: Agencia EFE

La polémica estatua de un ginecólogo que fue retirada del Central Park

Nueva York retiró el martes del Central Park la estatua de un ginecólogo del siglo XIX que experimentó con esclavas negras sin anestesia, en momentos en que Estados Unidos confronta cada vez más el racismo en su historia.
Imagen de referencia. Pixabay
Una comisión municipal recomendó en enero que la estatua de J. Marion Sims fuera trasladada del Central Park a un cementerio de Brooklyn donde el ginecólogo fue enterrado, y que se adopten pasos para explicar el legado de un hombre considerado el padre de la ginecología moderna.
"¡Ya era hora!", gritó una mujer afroestadounidense, una de las cerca de 25 personas que asistieron al retiro de la estatua el martes. "Sims no es nuestro héroe", gritaban otros.
"Es importante reconocer que sus contribuciones realmente ocurrieron a expensas de mujeres que no pudieron consentir" sus experimentaciones, dijo Bernadith Russell, una médica del hospital New York-Presbyterian.
"Reconozco sus contribuciones pero es como si Josef Mengele tuviese contribuciones en el campo de la medicina, no pondríamos una estatua suya debido a cómo obtuvo esa información", añadió.
Mengele fue un médico nazi alemán que experimentó cruelmente con prisioneros en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
Esta es una de las cuatro estatuas en terrenos públicos que el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, acordó trasladar tras el informe de la comisión, mientras Estados Unidos debate los antiguos tributos a figuras de legados cada vez más cuestionados.
De Blasio, un demócrata, encargó el informe luego de una sangrienta protesta neonazi en Virginia en agosto pasado que dio paso en todo el país a iniciativas para remover símbolos del sur proesclavismo en la guerra civil.
Nueva York mantendrá las estatuas de Cristóbal Colón y del expresidente estadounidense Theodore Roosevelt, y una placa dedicada a Philippe Petain, un héroe de la Primera Guerra Mundial que luego colaboró con los nazis, aunque agregará a todos estos monumentos leyendas adicionales que otorgarán más contexto.
Un monumento a los pueblos indígenas será colocado cerca de la estatua de Colón en la entrada de Central Park.
Colón, considerado el "descubridor" de América, se ha ido convirtiendo en símbolo del genocidio de los indígenas americanos. 
Muchos se quejan de que la estatua de Roosevelt, triunfante a caballo y acompañado a pie por un indígena estadounidense de un lado y un africano de otro, es una imagen de la jerarquía racial.
"Agregaremos detalle y matices a las representaciones de estas historias, en vez de retirarlas totalmente", dijo de Blasio en enero.